sábado, 3 de mayo de 2008

ENTREVISTA CON... Iris Lezcano. De la escuela de teatro a la serie de moda: "Sin Tetas No Hay Paraíso"

Por: LAURA RIBES LEAL

Iris es valenciana y tiene 22 años. Trabaja en el reparto de la serie con más éxito de la temporada, "Sin Tetas No Hay Paraíso". Tiene todo un reto por delante. La vida de Paula, su personaje, va a dar un giro rotundo tras su embarazo.

La serie empezó en enero de la mano de Grundy, la productora que disfrutaba de una audiencia
extraordinaria con la serie de sobremesa que se veía en la mayoría de hogares españoles: "Yo soy Bea". El share conseguido con la nueva apuesta no ha decepcionado: llegaron al 30% en el último capítulo. Una campaña promocional basada en el morbo del protagonista, El Duque, y un guión que sabe manejar la intriga de un buen culebrón, han sido los artífices. Todo el equipo ha alucinado con la buena acogida que ha tenido la primera temporada. Y ya se está rodando la segunda. En septiembre volverá y, entonces, la historia se complica.

¿Cómo es esa chica que está detrás de la sensata Paula de "Sin Tetas"? ¿Cómo llegó hasta aquí?


Laura Ribes: Te acababas de licenciar cuando comenzaba el rodaje, ¿cómo fue el gran paso a la televisión?

Iris Lezcano: Bueno fue todo muy rápido. Hacía unos meses que había salido de la Escuela Superior de Arte Dramático de Valencia y aunque ya había hecho otras incursiones en la tele, no había estado en un proyecto tan estable y grande como éste.

L.R.: ¿Cuáles fueron tus pasos para llegar hasta aquí?

I.L.: Como se suele hacer en esto casos, pasé por una prueba. Mi agencia me avisó y me vine a Madrid. Volvía en el bus hacia Valencia con la sensación de siempre: nervios, esperanza... pero sobretodo pensando que si no había suerte, un casting más me aportaba experiencia. Pero gusté y me llamaron a los pocos días diciendo que el papel era mío. ¡Fue increíble! Todo: el saber que empezaba una serie, el trasladarme a Madrid...

L.R.: Esta vez el autobús sólo era de ida...

I.L.: Bueno, voy muy a menudo a Valencia, pero sí, ahora vivo en otra ciudad. Estoy aprendiendo mucho, conociendo cosas nuevas y, aunque a veces estoy un poco sola y echo de menos a mi gente, sé que esta oportunidad es para aprovecharla y eso me da fuerzas.

L.R.: ¿Qué habías hecho antes?

I.L.: Sobre todo teatro. Estuve en una escuela de teatro muchos años, y fue lo que me llevó a seguir estudiando y dedicándome profesionalmente a la interpretación. Varias obras, muestras y el café-teatro han marcado mi currículo. En la tele, he aparecido en series como Hospital Central, el Comisario o Maniàtics, en Canal 9. También interpreté a un personaje en una tv-movie: Síndrome laboral. Además, hasta hace poco trabajaba como presentadora de unos informativos juveniles por Internet.

L.R.: Es todo un reto trabajar con Grundy. ¿Suponía mucha presión ser una especie de relevo de Yo Soy Bea?

I.L.: Es un desafío estar trabajando aquí, pero el ambiente es muy bueno. Los productores están muy ilusionados, y Tele 5 también. Además, el formato de la serie es diferente, el tono muy distinto y Sin Tetas no es de emisión diaria, sino semanal y de noche, en prime-time.

L.R.: Hay un reparto con pocas estrellas. Pero trabajan contigo actores de la talla de Fernando Guillén Cuervo o la protagonista, Amaia Salamanca, que salía en la serie ‘SMS’ ¿Cómo es tu relación con ellos?

I.L.: Son geniales y en general muy humildes. Yo llegué cuando llevaban rodando un mes. A la chica que iba a hacer mi papel le surgió otro proyecto y cuando llegué era la nueva, todos se conocían. Pero me han acogido muy bien. Hemos hecho piña, sobre todo las chicas.

L.R.: Todas interpretáis a jóvenes prostitutas. ¿Os está resultando difícil poneros en el papel de mujeres con una vida tan complicada? ¿Tenéis escenas comprometidas?

I.L. Las más peliagudas no tienen sexo explícito, por si te refieres a eso. La carga emotiva y la dureza de la historia están en el guión y los personajes.

L.R.: ¿Cómo ves a Paula, tu personaje? ¿Qué ocurrirá ahora que espera un hijo de Jesús, que ha sido asesinado? ¿Llevas bien "el embarazo"?

I.L.: Paula es muy introvertida. Es una chica de barrio, con muchos problemas familiares y de relación con los demás. Es muy influenciable, pero a la vez, las heridas le han hecho fuerte. No puedo contarte mucho de lo que vendrá. Lo del bombo, muy surrealista, pero todo un desafío.

L.R.: ¿Cómo ha sido el meterte en la piel de un personaje así?

I.L.: No ha sido nada fácil. En mi primera escena tenía que romper a llorar y a veces hasta a los actores nos cuesta. Menos mal que existe el mentol. Aunque ese día costó muchísimo que funcionara. Y he descubierto que fue porque ¡mis lentillas hacían barrera! A partir de ahora, si necesito mentol, haré la escena a ciegas(ríe).

L.R.: ¿Te sientes identificada con Paula?

I.L.: Realmente somos muy distintas. Pero lo bonito de la interpretación es que indagas en personalidades muy diferentes a la tuya. Aunque tengo que decir que ya me giro por la calle cuando oigo el nombre de Paula. Como en los rodajes nos llaman por el nombre del personaje...

L.R..: ¿Ha sido un gran cambio pasar del teatro a la televisión o no se alejan tanto como creemos?

I.L.: Sí, sí se alejan. El proceso del actor en la tele es muy distinto. Los primeros días de rodaje pensé: “¿dónde está lo que sé?”. Pero el director de Casting, Carlos, me ayudó muchísimo. Y el actor que hacía de mi padre, Alfonso Torregosa, también. Es un apasionado de la profesión. Y tiene mucho talento. Estoy aprendiendo muchísimo tanto de él como del resto de compañeros.

L.R.: Ya se habla mucho de la versión colombiana. ¿Qué diferencias encuentras?

I.L.: En la serie que hacían en Colombia la protagonista se mueve por dinero. En nuestra versión lo que mueve personaje de Amaia Salamanca es el amor. Además, hay paralela una trama policial que en la anterior versión no existía.

L.R.: ¿Qué opinas del “fenómeno duque”?

I.L.: Es comprensible. Sólo hay que verlo (ríe). Y al margen del personaje, Miguel Ángel Silvestre es un encanto. La televisión y la publicidad, hacen todo lo demás.

L.R.: ¿Cómo vivisteis el preestreno del último capítulo, en la Gran Vía de Madrid?

I.L.:Era como un sueño. Como el rodaje de una secuencia más. Fue una sorpresa increíble el revuelo que se levantó. Muy gratificante.

L.R.: ¿Teatro, cine o televisión?

I.L.: El teatro es mi vida. La televisión, mi presente. Y ojala el cine sea el futuro.

viernes, 2 de mayo de 2008

Ensayo sobre la ceguera, una alegoría de nuestro mundo





Título: Ensayo sobre la ceguera

Autor: Jose Saramago

Editorial: Ediciones Alfaguara

Año de edición: 1995

Número de páginas: 373




“Por qué nos hemos quedado ciegos, No lo sé, quizá un día lleguemos a saber la razón, […] Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.” La vista, la percepción, la importancia de poder contemplar las cosas y mirar el mundo que nos rodea. Sacar a relucir los instintos más básicos de la humanidad y de la sociedad en un momento de profunda crisis. De esta manera Saramago, escritor portugués, Premio Nobel de Literatura, baja hasta las cavernas más profundas de la trastienda humana para prevenirnos de los males no sólo de la razón, sino también de la sinrazón.

Una plácida mañana de primavera. Un hombre aguardando en su coche a que el semáforo se ponga en verde. De repente, la blancura le inunda. Poco a poco, como si de la peste negra se tratara, y pese a las férreas medidas de control por parte del Gobierno, el mal blanco se contagia. Momentáneamente, el mundo se convierte en un mundo de ciegos, para los que no hay otra esperanza más que la de volver a ver. Un mundo en el que desaparece todo orden establecido, inmerso en el caos de la ignorancia.

En esta situación, el profundo egoísmo que marca a los distintos personajes en la lucha por la supervivencia, se convierte en una parábola de la sociedad actual, trascendiendo así el significado de ceguera más allá de la propia enfermedad física. La ceguera traspasa los límites de la visión para convertirse en una ceguera de la razón, del entendimiento y del corazón.

Saramago describe, exhaustivamente, este mundo abominable con su personal tono estilístico, triste y dulce, duro y piadoso al mismo tiempo, con algo de narración bíblica y de cuento infantil, que le permite contar tan cerca del corazón y a la vez tan cerca de la historia. Más allá de ser una novela que muestra un mundo terrorífico, más allá de convertirse en un espejo de la realidad actual, es una evidencia de los resquicios de caridad y esperanza que albergamos aun en las situaciones y los momentos más angustiosos.

Si estás dispuesto a abrir los ojos y descubrir la falsedad del mundo que nos rodea, sin duda alguna, Ensayo sobre la ceguera es un libro de obligada lectura para ti.

RAQUEL DURÁ LAHOZ

JUNO: el simpático producto indie del año


JUNO: el simpático producto indie del año

Título Original:Juno
Año:2007
Dirigida por:Jason Reitman
Guión:Diablo Cody
Música:Matt Mesina
Intérpretes: Ellen Page, Jennifer Garner,Jason BatemanMichael Cera, Alison Janney, J.K. Simmons.


Sólo tres minutos de música folk de los Moldy Peaches y una presentación con estética naïf son suficientes para que venga al recuerdo del espectador la profecía de Sundance: Juno es el “producto”indie del año. Diablo Cody es la artífice de un guión que, plagado de diálogos ácidos e inteligentes, se convierte en el medio y objetivo de la película. Repite así Jason Reitman el esquema de su anterior película, Gracias por fumar, comedia con humor directo y cínico, incisivo con la sociedad estadounidense. Es un esquema que funciona, y no sólo en los festivales independientes como el mentado de Sundance, cada vez más abocado a entrar en la onda holliwoodyense del star system, sino también entre el espectador medio, o ciudadano de a pie, que va al cine en busca de historias y, de vez en cuando, se encuentra con simpáticas fábulas como Juno.

Juno (Ellen Page) es una peculiar adolescente de 16 años que se queda embarazada. Ante la incapacidad que siente de criar al bebé, y una vez descartado el aborto, decide darlo en adopción a una joven pareja (Jennifer Garner y Jason Bateman). El drama de una niña embarazada pasa casi desapercibido al espectador, capturado por un mundo que igual peca de excesivamente feliz, pero en el que este “accidente” no es catastrófico, sino un hecho tratado con acidez, comicidad y sobretodo, absoluta normalidad.

La interpretación de Page y los diálogos ingeniosos llevan el peso de una historia donde la naturalidad no equivale a frivolidad, y en la que los guiños cinéfilos y musicales son una constante en el guión que con cariño ha construido Cody para cada uno de los personajes. Todo esto genera situaciones cómicas, incluso desternillantes, sin abandonar los sentimientos y los dilemas vitales en ningún momento.

Puede que la vida poco prototípica de la guionista bloggera alternativa hayan impregnado en exceso la película de alusiones culturales pseudo-cools, recreándose en la transgresión de lo alternativo. Pero en cualquier caso, sea como autohomenaje a lo underground, sea por pretensión de explotación comercial de lo indie, o por simple inspiración, lo cierto es que esa niña preñada, cínica, irónica y con una concepción de la cultura, del amor y de la familia que no encajan en el modelo establecido, arrancan una sonrisa de oreja a oreja a espectador. Juno es un salmonete que nada a contracorriente y el observar los obstáculos con sus ojos nos deja la sensación de haber estado paseando por un parque un día de sol. Nada de moralismos y sí mucho vitalismo.


LUCÍA PINAR GARCÍA

jueves, 1 de mayo de 2008

Un solomillo muy 'salao'


"SoloMillo, una historia poco hecha"

Sinopsis: Juan es un filete sabroso y alegre que vive en un mundo particularmente frío y que un día conoce a María Entrecot, una chica contundente y jugosa que le descubrirá los placeres de la carne. La inexplicable desaparición de María convierte a Juan en cuarto y mitad de lo que era. A partir de este momento luchará con todas sus fuerzas contra su destino convirtiéndose en el Ché Guevara de las proteínas.

Sí, la historia es un tanto surrealista, los disparates se suceden uno detrás de otro, pero esto es algo es característico del teatro del absurdo. "Solomillo, una historia diferente" es eso, un relato poco habitual. Se trata de un monólogo interpretado por Fele Martínez y a cargo del grupo en el que él hizo sus primeros pasos en esto de actuar: la compañía "Sexpeare". Nombre curioso también.

Como el mismo título reza, la obra está poco hecha. El protagonista continúa su hazaña preguntando al público qué camino ha de seguir. Esto sumerge al patio de butacas en la historia, haciendo que actor y espectadores interactúen. Precisamente lo que más le gusta a Fele. En una entrevista para Atiende Televisión (una cadena por Internet) confesó: "Como yo me siento más realizado es haciendo teatro precisamente porque estás interpretando para un público que está ahí presente. Es algo absulutamente inmediato y además tú tienes el control". A mí esta dinámica me recordó mucho a los café-teatro, pero con algunas diferencias evidentes: un actor más que consagrado, un guión más loco de lo que estamos acostumbrados y un montaje y una iluminación impecables.

Fele es conocido por su trabajo en cine, y verlo en el registro de este espectáculo ha sido una sorpresa. Ahora me gusta un poco más, si cabe. Tiene una voz estupenda para el auditoro, un ritmo incansable en su actuación y una vis cómica genial que hasta el momento había explotado poco. He visto a un solomillo muy 'salao'. A parte de la gracia de Fele, me quedo con una cosa: la selección musical, hecha con mucho gusto. Pude escuchar un gran tema de Kenny Rogers y la First Edition que mis oídos ya habían disfrutado con la película de culto "El gran Lewoski". Una joyita y una rareza rock del grupo country.

Pero vuelvo a la esencia de la obra. "Solomillo" incluye referencias a lo más bobo de la vida cotidiana, se ríe de muchos tópicos, y mezcla de una forma muy 'freeky' varios mitos cinematográficos. Grotesca e inocente a la vez. Y con muchas sorpresas. Creo que es una pieza que disfrutará la gente joven, sin prejuicios y muy cachonda. La alabo de forma breve y castiza: Olé.

En la web de la compañía hay una lista de las próximas actuaciones


LAURA RIBES LEAL

martes, 29 de abril de 2008

Paul Klee



Catarsis

A veces, las personas experimentan una catarsis. En lo más hondo de su ser, el individuo se transforma y se libera, y deja de ser él, para ser otro. Las catarsis suelen llegar de improvisto, sin avisar, sin cita previa, como un terremoto que asola nuestra existencia en ese instante. Luego, dejamos de recordar ese momento y nos olvidamos de que ya no somos los mismos, de que algo nos cambió para siempre, y seguimos con nuestra vida, como si nada hubiese ocurrido. Una noche, casualmente encontré los restos de una catarsis. Me disponía a vaciar un viejo armario y de repente estaba allí, almacenada junto a otros trastos, enseres y recuerdos. Era una lámina de un cuadro de Paul Klee. Ni siquiera recuerdo su título.

Fui a Berna hace dos años. Es una ciudad limpia y ordenada, de las que no me gustan, pero con cosas por las que merece la pena visitarla. El Museo Paul Klee, construido por el arquitecto italiano Renzo Piano, se encuentra a pocos kilómetros de la capital suiza, y hay un autobús, puntual e impoluto, que te lleva allí. Se trata de un edificio envolvente, que parece surgir de la tierra, formando unas ondas que dejan pasar la luz hacia los cuadros. El museo está rodeado por unos inmensos jardines, demasiado verdes, plagados de sinuosas esculturas. Muy cerca está la tumba del pintor, llena de flores, y junto a ella un cementerio de niños, triste y sobrecogedor. Está repleto de juguetes, de color, de molinillos de viento, de las dedicatorias más duras y más bellas. Impresiona y desgarra.

Compré esa lámina en la tienda del museo. Cuando ahora la miro, no me dice nada. Evoco a Walter Benjamin: “en la época de la reproducción técnica de la obra de arte, lo que se atrofia es el aura de ésta”. Evoco también el instante en el que decidí comprar esa lámina. Ni siquiera recuerdo su título, pero ese cuadro me importó. Paul Klee, hijo de músicos alemanes, siempre inspiró sus dibujos en la poesía, los sueños o la música. Fue un artista precoz y distinto. Yo paseaba por aquellas salas de paredes naranjas, muy cálidas, que invitaban al abandono y a la vez al recogimiento, con sus obras expuestas de manera perfecta, estudiada, muy suiza. Y allí estaba él. Es un cuadro bastante grande, contundente y arrebatador. Predomina un color ocre, cetrino, que contrasta con pinceladas de colores alegres, primaverales. Es una pintura abstracta, que no entiendo, pero la miro y me gusta. Un cuadro alegre que pintó cuando estaba muriendo. Y allí estaba yo, mirando ininterrumpidamente ese óleo, muy atenta, como si me estuviese hablando.

Fue en 1914, en su viaje a Túnez, cuando Paul Klee experimentó su catarsis: “el
color me posee, no tengo necesidad de perseguirlo, sé que me posee para siempre... el color y yo somos una sola cosa. Soy pintor.” A veces, las personas experimentan una catarsis. En lo más hondo de su ser, el individuo se transforma y se libera, y deja de ser él, para ser otro. Ahora miro la lámina: ni siquiera me dice nada, ni siquiera recuerdo su título.


MAR LÁZARO