viernes, 23 de mayo de 2008

1.000 visitas

Este mini-post va por nosotros. Porque hoy hemos pasado de las 1.000 visitas. Porque aunque estamos saturados con sociedades de la información y con el columnista de turno no paramos de publicar. Porque a 2 semanas de los exámenes y sin nada estudiado seguimos escribiendo. Porque tras muchas dudas (¿qué nombre le ponemos? ¿de qué lo hacemos? ¿quién escribe cada día?) hemos conseguido crear un blog decente -aunque yo diría mejor que decente- al que ya se ha entrado más de mil veces. Se dice rápido, pero poneros a contar: 1, 2 , 3, 4....y hasta mil...
Así que este post va por Irene, Mar, Andreu, Lucía y Laura. Venga, y por mí también.
Gracias a todos los que habeis entrado...y que el ritmo no pare...
Raquel Durá Lahoz

haikus

Resulta que los orientales no sólo tienen refranes místicos y trascendentes, sino también un compendio de sentencias populares. descriptivas de lo cotidianano. Hablan de la vida con naturalidad y sin fatalismos, también de sentimientos como la nostalgia, la soledad o la amistad. pero lo que más me sorprende es el humor del que están dotados algunas de estas sentencias refraneras. Sí, no tan salaos como nosotros, pero la chíspilla popular, con olor a soja seguro, también existe.
Hablamos de los HAIKUS. Un haiku es un poema corto de tres versos de diecisiete sílabas en forma de 5, 7, 5 ó 5, 7, 7. Mantienen esta forma desde el s. XV y deben su nombre al poeta Shiki. Llegaron a mis manos gracias a la recolección que el pive Mario Benedetti hizo de ellos en Rincón de Haikus. Simplemente, el `haiku´ clásico, dice Mario Benedetti, se me figuró siempre un desafío, tanto por su estructura fija como por su brevedad obligada…”. En sus orígenes hablaban sobre la naturaleza incluyendo en cada uno una palabra clave que designaba o identificaba la estación. Sus variantes modernas y occidentalizadas diversifican la temática y los llenan de ingenio. Aquí una selección personal del Rincón de Benedetti:

un pesimista
es sólo un optimista
bien informado

las soledades
está por demás decirlo
siempre andan solas

el cocodriloy
el sauce llorón
lloran de puro vicio

no me seduce
el burdel del poder/
prefiero el otro

hace unos años
me asustaba el otoño
ya soy invierno

cuando reuní
mis insomnios completos
quedé dormido

los oriundos de Suiza
por más que se empeñen
no son suicidas

Cuando te vayas
no olvides de llevarte
tus menosprecios

Canción de protesta
después de los sesenta
canción de próstata

lo peor del eco
es que dice las mismas
barbaridades

los grillos rezan
pero son oraciones
iconoclastas

los epitafios
vienen a ser la gracia
del cementerio


Cuando lloramos
las alegres toxinas
nos abandonan

Si hubiera dios
nadie le rezaría
por no aburrirle

no se mentir
nunca he mentido
salvo cuando he sabido

no es grave
pero el insomnio en la siesta
no tiene cura

eran los brazos
de la Venus del Milo
los que aplaudian

Bloque/alzheimer/
Hiroshima/OTAN/sida
no fue un buen siglo

BENEDETTI, M (2001): Rincón de HAIKUS. Ed. VISOR LIBROS. Madrid. Colección Visor de Poesía. 1º Edicion.

Lucia Pinar Garcia

miércoles, 21 de mayo de 2008

Los “caprichitos” de los famosos

Por todos es sabido que la gente famosa tiene unas peticiones de lo más extravagantes cuando viaja por trabajo. El dinero y la fama les dan la autoridad suficiente para exigir lo que quieren. Aunque no sea justo decir que todos los ricos y famosos son excéntricos y caprichosos, es cierto que al llegar a la cumbre del éxito son muchos los que se dejan arrastrar por todo tipo de veleidades.

Compatibilizar éxito, fama y dinero con llevar una vida austera, sencilla y normal no debe resultar nada fácil. Será por eso que, llegado a este punto, hay quienes incluso llegan a perder el sentido común. Ahí van algunos ejemplos:

Madonna exige que cuando va a un hotel le ponga un inodoro nuevo, para que lo estrene ella. Tras usarlo se lo lleva del hotel, por si a alguien se le ocurre venderlo en eBay.

En unas Navidades los Beckham contrataron a un tipo que les abriera los regalos, por el módico precio de 1800 euros; me imagino que para ahorrarse las agujetas en los dedos.

Los Rolling Stone son otros que llevan de cabeza a sus asistentes. Estos viejos rockeros piden decenas de coches, varios camerinos detrás del escenario con refrigeración y baño, 600 toallas y cientos de litros de alcohol. Desde luego la fiesta se la pegan.

Janet Jackson quiere que todo el staff de catering que la atiendan sea masculino (no es lista ni nada) y también necesita (¿para sorbevivir?) que haya diez rosas negras.

Luis Miguel es uno de los más exigentes. A cualquier país que vaya pide hospedarse en la suite presidencial o de lujo con toallas completamente blancas, velas con olor a vainilla, camilla de masajes, una bicicleta para hacer ejercicio y un chef exclusivo que le cocine comida turca y ensaladas exóticas…

Jennifer López tampoco se queda corta. Solicita, de ser necesario, que cambien la iluminación de la habitación del hotel. Además, se le debe garantizar una habitación donde todo sea blanco (paredes, mesas, sillas, sábanas, flores, velas) y no haya algún alimento que pueda tentarla.

  • Mariah Carey pide que le coloquen una tapa nueva al inodoro y las sábanas de hilo que envía al hotel deben estar ya en la cama cuando ella llegue. Es obligatorio que existan dos DVD, y únicamente podrán poner su música y videos. Tanto ella como su mascota se bañan con agua mineral francesa.

Ojalá todos tuviesemos tanto dinero para gastarlo es cosas más útiles y no en tonterías.

RAQUEL DURÁ LAHOZ

martes, 20 de mayo de 2008

SIDDHARTA


FICHA TÉCNICA
Título: Siddharta
Autor: Herman Hesse
Traductor: Juan José del Solar
Editorial: Plaza & Janés, Barcelona (1994)
Nº págs: 211



Cuando Siddhartha me encontró




Me topé con Siddhartha por casualidad, paseando por Madrid, en unos tenderetes que vendían todo tipo de libros de segunda mano. Lo ví, y lo compré. Sin más. Ni por su tapa, ni por su sinopsis, ni por su autor. Simplemente porque sí.
Cuando llegué a casa después de aquel fugaz viaje, descubrí que la biblioteca familiar escondía otros libros de Herman Hesse.

Alguien me contó que quién descubre a Hesse en su juventud, lo admira desde la sencillez y la rebeldía de la adolescencia, y cuando llega a la edad adulta, lo acoge desde la tranquila madurez.
He leído Siddhartha unas diez veces. Cada una de ellas me reveló algo nuevo y me aportó diferentes reflexiones. A veces abro el libro por cualquier página y leo algún párrafo suelto para regocijarme, para empezar el día con una dosis de filosofía vital. Y vaya gozada.

Siddhartha narra la intensa vida de un hombre, empeñado siempre en la búsqueda del camino, y nos muestra sus tropiezos, sus drásticas decisiones y sus más profundas reflexiones. De este modo Hesse nos transporta, a través de una metáfora global a nuestra propia vida y camino personal.

Todos intentamos hallar la forma de guiar nuestra vida, y nos equivocamos. Todos, en alguna ocasión, nos sentamos a mirar el mundo desde dentro, a mirarnos a nosotros mismos, sorprendiéndonos y aprendiendo, empezando de nuevo. En cierta manera todos escondemos en nuestro fuero interno la esencia de Siddhartha. Por eso, es inevitable no sentirte identificado o no emocionarte. De algún modo Siddharta has sido, eres y serás tu.

Hesse creció en una familia marcada por la fuerte religiosidad, y su viaje a la India acentuó ese aspecto de su personalidad. Primero periodista y posteriormente escritor, Hesse me enseñó que los sentimientos se pueden describir de manera plana y sencilla, clara y rotunda, rebosante de esa belleza textual a través del concepto. Es un texto simple y paradójicamente repleto de las más íntimas reflexiones del ser humano..

Me topé con Siddhartha por casualidad, sin buscarlo. Estaba completamente perdida cuando Siddhartha me encontró, y me transformó. “Cuando alguien busca –dijo Siddhartha-; suele ocurrir que sus ojos sólo ven aquello que anda buscando, y ya no logra encontrar nada ni se vuelve receptivo a nada porque sólo piensa en lo que busca, porque tiene un objetivo y se halla poseído por él. Buscar significa tener un objetivo. Pero encontrar significa ser libre, estar abierto, carecer de objetivos”.

Mar Lázaro Borrell

lunes, 19 de mayo de 2008

Un, dos, chiki chiki. Olé, chiki chiki

Por fin hemos entrado en la semana clave. Y no Lucía, no es porque hoy sea tu cumple. Es porque este sábado 24 se celebrará en Belgrado la edición del Festival de Eurovisión más friki de la historia.

Ya era hora de que España se tomara tal sandez como se merecía. ¡Con humor! Y es que durante los últimos meses nos han estado bombardeando por todos lados con el chiki chiki. Muchos de los eurofans han sido muy críticos con la elección de Rodolfo Chickilicuatre como representante español, calificándolo de "sinvergüenza"," embustero" o "cínico". Sin embargo, para la gente de a pie la elección ha sido la idónea. Baila el chiki chiki ha calado entre la sociedad española como no la hacía otra canción desde que Rosa participó con el Europe's living a celebration. En esa edición, TVE se marcó un share superior al 70%. No sabemos qué pasará al sábado, pero yo apuesto por una cifra similar, al menos cuando se entone la melodía de "con las bragas en la mano".

Ha sido tal la repercusión y el seguimiento del chiki chiki que se ha realizado un cásting para buscar a bailarinas que acompañaran a Rodolfo a Serbia -siempre acompañado por las insustituibles Disco y Gráfica. La gente se lo ha tomado con mucho humor, y han grabado vídeos dignos de ser vistos, ya sea por s frikismo, o por la decoración del salón donde lo han grabado.



Y aunque canción ya está más que asentada en nuestras mentes, es digno de mención la versión que Rodolfo hizo con Tata Golosa -la tía de los microfonos-, que si por mi fuera, sería sin duda la escogida para Belgrado, mucho mejor que la original. Dispuestos a ser frikis, seámoslo hasta el último extremo.



Pero aunque esto de llevar a gente peculiar a Eurovisón no es nuevo, esta edición va a ser la más prolífera al respecto. Que si un pavo que canta, que si un hombre algo mayor que tendrá en vilo a todos los servicios médicos de la capital serbia durante su actuación, que si unos piratas, etc, etc...





Así que este sábado ya sabéis, ya sea con amigos, solos, o con desconocidos... todos a PERREAR!

Andreu Moreno

domingo, 18 de mayo de 2008

Elegy, el toquede de Coixet

Género: Drama

Directora: ISABEL COIXET

Guionista: NICHOLAS MEYER

Intérpretes: PENÉLOPE CRUZ , DENNIS HOPPER , BEN KINGSLEY , DEBORAH HARRY , PATRICIA CLARKSON , PETER SARSGAARD

Duración: 108 minutos

Compañía: ON PICTURES

Nacionalidad: Estados Unidos

Año de estreno: 2008


Elegy es una de esas películas que al principio parecen un caso más de guión prototípico, el trillado affaire entre una joven estudiante y su intelectual profesor de universidad que le saca treinta años de edad. Pero luego, según van discurriendo los minutos, los diálogos intensos e íntimos, parece reconvertirse, reinventar el argumento y hacerlo nuevo. Elegy es más que una historia de amor desgastada, es un discurso sobre la belleza, la erótica y el dolor, entremezclado con la arrolladora fuerza de las emociones y agitado por la sombra oscura del paso del tiempo.
Quizás no es una gran historia, pero es una historia bien contada; o mejor, bien filmada.
Isabel Coixet parece haber dejado atrás el cine de cartón piedra, de perfección publicitaria de hace un tiempo y ha intentado brindarnos una narración tremendamente dramática al tiempo que creíble. Esta vez, que ha dejado el guión en manos de Nicholas Meyer, ha convencido más a la crítica. La directora se ha adueñado del autobiográfico cuento El animal moribundo, de Philip Roth, lo ha modelado, lo ha rehecho a su medida y nos lo ha devuelto oliendo a ella. La cinta lleva la firma de la catalana en su intimismo, en los planos elegantes y en el cuidado por esos detalles sutiles que matizan la escena. En el fondo son esas las características que definen su cine, sólo que ahora ha sabido proyectarlas mejor.
Es posible que la adaptación de la novela para la gran pantalla haya matado la identidad de El animal moribundo, que se haya convertido en otra cosa, pero, desde luego, eso nos ha librado de escenas soeces de sexo explícito, palabras ordinarias y otras ramplonerías.
Sin embargo, lo mismo que hace grande el relato también es lo que lo estropea. Unas pocas veces el artificio se rompe consecuencia de de un exceso de romanticismo y algodones. O sea, de un exceso de Coixet. En ciertos momentos la sensibilidad degenera en sensiblería que acaba por hacer incongruente el debate interno del protagonista, que debe elegir entre el sexo y el amor, entre la responsabilidad o la inmadurez, entre aceptar la realidad o crearse una propia.
Ese toque ha hecho perder a los personajes profundidad, pasión, irracionalidad. Ha creado unos personajes de sentimientos difuminados y ablandados, que a veces no casan con la violencia de las emociones en que nos pretende involucrar el guión. Con todo, Ben Kingsley hace una interpretación deslumbrante, y lleva de la mano a una Penélope Cruz que va creciendo al ritmo de la intensidad de los hechos.


IRENE FRANCÉS RICO

sábado, 17 de mayo de 2008

La casa del Tío Carmelo


Traca, aplausos y voces alegres. Mi madre iba a visitar a mi tía Rosa, y aunque era mayo y las fallas quedaban lejos, el estruendo y el aroma de la pólvora no le resultaron extraños. “Alguna novia”, pensó. Enseguida se dio cuenta de que realmente era un novio. Iba de beige, “guapísimo”. Y aplaudiéndole, estaban los asistentes de la boda: los niños, los abuelos, la madrina… la mayoría convenientemente disfrazados, enfundados en unos trajes imposibles y atusados con peinados repeinados. Algunos se salvaban. Pero en general, mucha pompa: formaban la estampa habitual de un bodorrio que se precie. Sin embargo, había algo que se salía de lo normal esa mañana. La comitiva se dirigía hacia las afueras del pueblo. “¿Dónde van?”, se preguntó mi madre. En esa dirección no se encuentran ninguna de las iglesias de Aldaia. Tampoco el Ayuntamiento, ni el Juzgado de Paz. Desconcertada por el rumbo que tomaba la boda, lo único que se le ocurrió pensar es que, aunque no se suela hacer, irían a recoger a la novia. “Todo puede ser”

Sobre la misma hora, mi padre, como de costumbre, salió a andar. Tiene que hacerlo todos los días. Y por el barrio de su hermana, se cruzó también con el séquito de una boda. Era un grupo de celebrantes muy numeroso. Le pareció extraño que fueran tantos. “¿No esperan casi todos en la iglesia, o donde sea? Bueno, todo puede ser.”

Al llegar a casa, mi madre comentó lo que había visto. Mi padre le dijo que se había encontrado con el mismo cortejo. No obstante, cada uno había visto la marcha nupcial salir de casas diferentes. Y empezó la discusión. “Paco, tú tienes que haber visto a la novia. Te habrás confundido”. Mi madre quería saber algo acerca del traje de la chica, sobre su familia. Pero mi padre, además de no tener ningún interés por esos detalles, ponía la mano en el fuego asegurando haber visto al novio y además, ¡con traje negro! Ahora todo no podía ser. O uno de los dos se equivocaba o se celebraban dos bodas distintas en el mismo barrio.

Aún seguían hablando del tema cuando mi hermano entró en casa y oyó el final de la conversación. “¡Ah! Esa es la boda de mi amigo Javi. Se casaba con su novio de toda la vida, en la Casa del Tio Carmelo”. Claro. Todo puede ser, y además de verdad. Mis padres, se percataron de lo cortos de miras que habían sido y se echaron a reír. ¿Cómo no lo habían pensado antes? Su hijo es gay y el mundo LGTB (lésbico-gay-transexual y bisexual) es un tema como cualquier otro en nuestras sobremesas. La realidad de las parejas homosexuales y la de las familias que forman es una realidad creciente. Hace poco, en España hemos tenido la suerte de que una ley las reconozca y ampare. Ahora es el tiempo de la visibilidad y de la habituación. Aunque a algunos les pese. Y aunque a otros, por muy asumida que tengamos esa realidad, a veces se nos olvide.

Ejercitaremos la memoria recordando que la Casa del Tío Carmelo, además del mini-botánico del pueblo, es ahora también un marco incomparable para celebrar uniones matrimoniales de la identidad que sea. Que vivan los novios. Y las novias.

LAURA RIBES LEAL