Hola a todos! aqui dejo un par de anuncios que me han gustado. si los niños hacen lo que ven... ¿¿se puede saber qué hace el padre del niño-patada cuando su mujer no le da caramelo??
Me gusta el plan de choque del primer anuncio. es mas efectivo que anunciar con cartel de festival de pueblo la actuación especial de gonorrea y sífilis... para eso hay medicina, pero para un niño-patada como este?? la receta es la educación, pero si esta resulta estresante por la presión traumatico-preventiva, ya sabes lo que has de hacer...
pd: la cara del padre de "quiero evaporarme en estos momentos y dejar que algun cliente deje buceando al nano entre guisantes congelados un rato...", vale millones. jeje
Lucía Pinar García
jueves, 15 de mayo de 2008
Diplomático patio de luces
Mi vecina del quinto, puerta par, ostenta desde hace un par de años el honorable (por no decir engorroso y poco agradecido) cargo de Presidenta de nuestra pequeña y, no por ello menos conflictiva, comunidad. Les ubico. 8 pisos, 16 puertas y diez familias que guiar hacia el consenso, con talante y sin crispación. En realidad son nueve, pero digo ocho porque son los oficiales, los de hogares burguesitos con 130 m2, los de gente bien. El noveno era hace años la casa del portero, entrañable hombre que repartía collejones a personitas que no llegábamos al metro de altura cada vez que nos veía poniendo unos rechonchitos dedos en el espejo del ascensor, que con tanto esmero apañaba cada mañana, cada tarde, ¿cada cuarto de hora? . Pepe, el portero, cancerbero de nuestras moradas, abrillantador de nuestro mármol, de nuestros cristales, y sobretodo, de nuestro estatus en el ensanche valenciano, allí donde hay que pulir cada mañana, cada tarde… cada cuarto de hora, la hipócrita fachada. Pese a todo, parece ser que el responsable de marketing de esta nuestra comunidad no era gente bien, y es por eso que se vieron en la obligación de remarcarlo estética y funcionalmente: hasta el octavo hay escalera de mármol y ascensor, pasada esta línea llegamos a un habitáculo de unos 60 m2 con suelo de granito y sin ascensor. Para más inri se goza de una música chill-out, al compás de las poleas de dicha maquina elevadora.
Pepe se jubiló hace unos 15 años, y una servidora hace actualmente uso del anexo del noveno, que ya no es un habitáculo de portero sino un ático en el centro con terraza, un loft, un estudio, una buhardilla bohemia, un picadero, en definitiva, mola. Ahora bien, que tenga cédula de habitabilidad o no es una variable que la burbuja inmobiliaria ha decidido elidir a la hora de fagocitar “el pisito” y hacerlo parte de ese Monopily que lejos de entretener, nos da ganas de llorar a fin de mes, y eso ya no mola tanto.
Bueno, regresando de Úbeda, aterrizmos en esa puerta 10 una apacible tarde. La presi, como todo español que se precie, participa de ese patrimonio de la humanidad que es la siesta, y cabecea en su butaca. Un chorro de agua por el deslunao la sobresalta. Al asomarse, comprueba con estupor que el del sexto, esta cerrando el ventanal y recolocando las cortinas. Confirmado el sospechoso, falta conocer el menester. Fácil ecuación: cae chorro al deslunao, aterriza en la terraza del mismo, y para nuestra desgracia, ahí se queda. Es pis. El olor a amoniaco del cuarto trastero que tuerce el gesto incluso a Ronald McDonald y donde convecinos como yo guardamos la bici, no es, cómo pensabamos, culpa de las tuberías, sino más bien de la tubería fisiológica de uno de los vecinos. Sí, en esa finca de gente bien, hay gente que orina por el ventanal.
La presidenta, a la que para ser honestos le endosamos el cargo cuando llegó nueva, me narra el problemilla. No me extraño, pues el presunto orinador sufrió un accidente hace años, y desde entonces prescinde del aseo personal. Los vecinos lo sabemos, lo asumimos, y con una diplomática sonrisita ponemos cualquier excusa para no coincidir en el ascensor con él, dada la elevada probabilidad de nauseas y asfixia. Nos evitamos así un incomodo “Podría usted lavarse ¿no?”. El problema es que la “lluvia” no puede sobrellevarse con una escampada por la escalera, por tanto, no resbala a la pregunta
“¿Podría usted no hacer sus necesidades por el ventanal del deslunao?” Soy mala, pero en el fondo me hace gracia. Aunque no se qué me hace más gracia: la diplomática exposición del problema de la presi con cara de póquer, o la cara de la nueva vecina inglesa, repipiosa, escrupulosa, estirada y muy cool, al saberse receptora directa del flujo. En fin, si estuviéramos en EE.UU, donde puedes denunciar hasta a Dios por los males del mundo, estarían el vecino y la orina en los tribunales, si me apuras, también el WC reclamando una indemnización por sentirse ninguneado en esa casa. Pero como estamos aquí, y Pepe hizo muy bien su trabajo, la cosa queda en casa, o en el deslunao, y seguimos siendo gente bien.
Lucia Pinar García
miércoles, 14 de mayo de 2008
El Tectonic
Mover brazos y piernas a un ritmo frenético. Dar vueltas y más vueltas. Y sobre todo, bailar, bailar como si fuera la última vez que lo hicieras. Estoy hablando del Tectonic (o Tecktonik), un baile basado en movimientos atípicos inspirados en distintos bailes dance y hip-hop, que se baila al ritmo de música electrónica (electro, techno y hardstyle).
El Tectonic surgió en la sala Metrópolis de París en el año 2000 y desde entonces se ha ido extendiendo por Europa, convirtiéndose en un gran éxito. Ahora, el Tectonic es un fenómeno social en toda Francia y la gente que lo baila, los clubbers, se reúnen en plena calle para dar recitales de este original baile.
El Tectonic se compone de una serie de movimientos corporales y figuras gestuales que el bailarín combina libremente. Puede usar movimientos propios o cogidos de otros estilos. Así, la originalidad se convierte en una de las marcas más características del Tectonic, transformando el baile en un espectáculo.
Pero si algo tienen en común todas las representaciones del Tectonic es el hecho de poner en juego la desarticulación del cuerpo tendiendo a acelerarlo al extremo en su ejecución. Parece que los miembros se descoyunten, que el cuerpo se mueva a sus anchas, sin ninguna oposición de su propietario. Esto provoca una impresión caótica y fuera de control, a menudo, divertida y graciosa. Se trata de un baile enérgico y frenético. El "paso" más conocido y emblemático consiste en realizar con el brazo un movimiento envolvente alrededor de la cabeza. Este paso es una estilización del gesto de ponerse gomina en la cabeza.
Aquí os dejo un ejemplo de Tectonic.
RAQUEL DURÁ LAHOZ
El Tectonic surgió en la sala Metrópolis de París en el año 2000 y desde entonces se ha ido extendiendo por Europa, convirtiéndose en un gran éxito. Ahora, el Tectonic es un fenómeno social en toda Francia y la gente que lo baila, los clubbers, se reúnen en plena calle para dar recitales de este original baile.
El Tectonic se compone de una serie de movimientos corporales y figuras gestuales que el bailarín combina libremente. Puede usar movimientos propios o cogidos de otros estilos. Así, la originalidad se convierte en una de las marcas más características del Tectonic, transformando el baile en un espectáculo.
Pero si algo tienen en común todas las representaciones del Tectonic es el hecho de poner en juego la desarticulación del cuerpo tendiendo a acelerarlo al extremo en su ejecución. Parece que los miembros se descoyunten, que el cuerpo se mueva a sus anchas, sin ninguna oposición de su propietario. Esto provoca una impresión caótica y fuera de control, a menudo, divertida y graciosa. Se trata de un baile enérgico y frenético. El "paso" más conocido y emblemático consiste en realizar con el brazo un movimiento envolvente alrededor de la cabeza. Este paso es una estilización del gesto de ponerse gomina en la cabeza.
Aquí os dejo un ejemplo de Tectonic.
RAQUEL DURÁ LAHOZ
martes, 13 de mayo de 2008
Por alusiones...

Cuando he leído tu artículo acerca de Supermodelo 2008 he entendido cada una de tus palabras y he aprobado cada una de tus afirmaciones. El formato Supermodelo ha dejado de ser telebasura para ser simplemente telebasurilla. En todo lo que dices, querido Andreu, tienes más razón que un santo. Y para más inri, me he reído mucho con tus suspicaces comentarios.
Pero no puedo evitarlo. Soy de ese 6%, ese grupúsculo friki que se traga sin pestañear las frases célebres de Jousi. Sarna con gusto no pica. Y yo, con mucho gusto, procuro ver Supermodelo, viaje de a bordo mientras me tomo un café con leche, aunque en mi fuero interno sé de sobra que es pura sarna.
"Tus mechas son mis úlceras de estómago", Jousi dixit. La crueldad con la que se trata a los concursantes es el plato fuerte. Y a mi me place verlo, luego soy cruel. Me río de ellos al igual que lo hacen los "profesores". Pero cuando digo, me contradigo. Y mientras me estoy riendo, los estoy envidiando a muerte.
Cuando hacían Fama también estaba al pie del cañón. A ratos me daba vergüenza ajena, pero normalmente, yo soñaba con que en realidad no era una anónima estudiante, sino una excepcional bailarina, de las que te hacen un porté sin inmutarse. Y que estaba en la tele, con los demás concursantes, luchando por la inmunidad y evitando a toda costa una dolorosa nominación. Rafa me decía que era muy hot y que jamás hacía cagadas.
Con Supermodelo 2008 no he sentido aún tal nivel de identificación. Pero hubo una anterior edición que viví muy a fondo. Las galas eran los lunes (en consecuencia, los lunes eran sagrados), y en cada una de ellas sufría como una supermodelo más y ansiaba los zapatos rojos. En el tiempo que duró el programa no dejé de mirarme al espejo haciendo poses que posiblemente le hubiesen encantado a Rouzic, ni paré de lamentarme porque mi metro sesenta me impedía presentarme al casting.
Y sé de sobra que este tipo de programas son básicamente una soberana mierda, pero no puedo evitarlo. I love telebasurilla.
Mar Lázaro Borrell.
lunes, 12 de mayo de 2008
Del derecho a la no lectura, el horóscopo y los buenos amigos
¿Y qué haces estudiando periodismo? Es la respuesta –o más bien pregunta- unánime que encuentra mi amigo Álvaro en cualquier ser vivo, ya sea animal, vegetal o humano, al que le comenta que no le gusta mucho eso de leer. Y no es porque no lo haya visto en casa, como reza el último eslogan de la campaña del ministerio de educación, ni porque no le hayamos repetido hasta la saciedad que es muy bueno, que así se culturiza uno mucho, ni porque... Pero lo siento, no puede. Es coger un libro y venírsele el mundo encima. Las piernas le tiemblan, el estómago se le encoge y hasta se le desliza por la frente alguna gota de sudor frío. Y es que como mi amigo, hay muchísimos jóvenes que están mucho más pendientes de cuantas hojas les quedan para terminar el capítulo y con él su tarea diaria, que de divertirse, aprender, disuadirse, o cualesquiera que sea el objeto del libro que tienen entre manos.
La verdad es que esta deshonrosa afición por la no lectura, es una parte que no encaja con el resto de mi vida –ay, perdonen, de la de mi amigo quería decir. Siempre ha sido el mejor de la clase, sobre él ha recaído siempre el apodo universalizado de “empollón” –aunque le gustara el deporte, no llevara gafas ni aparato (eso ha venido después)- y hasta se ha hartado de ganar premios en concursos literarios. Pero que se le va a hacer, leer no le va.
Sé que sus gustos no son muy populares en el ámbito académico, ya no sólo entre el profesorado, sino también entre la mayoría de sus compañeros de clase. A lo largo de los dos primeros cursos de periodismo han intentado que comprendamos que leer es uno de los mejores modos de no dejarse alienar. Que la cultura audiovisual imperante en este nuevo siglo ha sido creada con el objeto de narcotizar a las masas y manejarlas a su antojo. Y puede que en cierta medida esto sea cierto. Aunque Álvaro cree que no leer no significa necesariamente ser un ser tonto y manejable. El escritor y profesor de periodismo, Enric Sòria, después de asegurar en su artículo Un món que s’abandona (El País 17/10/05) que sus estudiantes “no es que no lean libros, es que no leen”, habla de ellos del siguiente modo: “Miro a mis alumnos. Me gustan. A menudo aprendo de ellos, de sus puntos de vista, de sus aspiraciones. Son jóvenes, tienen gracia y energía. Son espabilados”.
La salida más fácil para este artículo hubiese sido obviar la opinión de mi amigo, ponerme correcto y defender la postura más protocolaria, la que se supone que debe adoptar, si no tanto un estudiante en general, sí alguien cuya futura profesión es la comunicación. Pero si desde que va al instituto, Álvaro solo se ha leído un libro por placer –Misteri al parc d’atraccions se llamaba, gran libro me comenta- no puede ser tan hipócrita de defender a ultranza la lectura. Puede y debe estar de acuerdo en lo enriquecedor y beneficioso de ella, pero no en la imposición a la fuerza o en una alarma generalizada por la falta de interés que despierta entre los estudiantes.
La verdad es que esta deshonrosa afición por la no lectura, es una parte que no encaja con el resto de mi vida –ay, perdonen, de la de mi amigo quería decir. Siempre ha sido el mejor de la clase, sobre él ha recaído siempre el apodo universalizado de “empollón” –aunque le gustara el deporte, no llevara gafas ni aparato (eso ha venido después)- y hasta se ha hartado de ganar premios en concursos literarios. Pero que se le va a hacer, leer no le va.
Sé que sus gustos no son muy populares en el ámbito académico, ya no sólo entre el profesorado, sino también entre la mayoría de sus compañeros de clase. A lo largo de los dos primeros cursos de periodismo han intentado que comprendamos que leer es uno de los mejores modos de no dejarse alienar. Que la cultura audiovisual imperante en este nuevo siglo ha sido creada con el objeto de narcotizar a las masas y manejarlas a su antojo. Y puede que en cierta medida esto sea cierto. Aunque Álvaro cree que no leer no significa necesariamente ser un ser tonto y manejable. El escritor y profesor de periodismo, Enric Sòria, después de asegurar en su artículo Un món que s’abandona (El País 17/10/05) que sus estudiantes “no es que no lean libros, es que no leen”, habla de ellos del siguiente modo: “Miro a mis alumnos. Me gustan. A menudo aprendo de ellos, de sus puntos de vista, de sus aspiraciones. Son jóvenes, tienen gracia y energía. Son espabilados”.
La salida más fácil para este artículo hubiese sido obviar la opinión de mi amigo, ponerme correcto y defender la postura más protocolaria, la que se supone que debe adoptar, si no tanto un estudiante en general, sí alguien cuya futura profesión es la comunicación. Pero si desde que va al instituto, Álvaro solo se ha leído un libro por placer –Misteri al parc d’atraccions se llamaba, gran libro me comenta- no puede ser tan hipócrita de defender a ultranza la lectura. Puede y debe estar de acuerdo en lo enriquecedor y beneficioso de ella, pero no en la imposición a la fuerza o en una alarma generalizada por la falta de interés que despierta entre los estudiantes.
Tal vez escribo esto –recuerden, siempre en nombre de mi amigo- porque ya ha sido contagiado con el virus de la narcotización promulgado por una cultura audiovisual basada en la desinformación –según algunos estudiosos en su opinión algo amargados de tanto leer. Pero bueno, no hay que ser alarmistas, tampoco mi colega es tan radical. Todos los días se compra el Superdeporte, ojea el Marca en Internet y se pasea por algunos foros deportivos. Y ya para rematar la faena, si además cae entre sus manos algún periódico gratuito, el horóscopo lo lee seguro.
Andreu Moreno
El gran viaje de Kapuscinski

Casi un año después de su muerte, el blog literario latinoamericano El Boomeran(g), quiso dedicar su primera edición del Seminario virtual Literario y Periodístico a un hombre que es considerado uno de los mejores periodistas de nuestro tiempo. Un homenaje a Ryszard Kapuscinki, que debía dar en este mismo seminario una conferencia virtual acerca de su larga, profunda y cautivadora experiencia en el oficio, pero que, caprichosa como es la muerte, lo ha convertido en el sujeto de estudio. Su trayectoria vital y profesional, como reportero, como cronista y como humanista, vista desde la óptica de seis grandes intelectuales de nuestro tiempo.
Si en nuestra época alguien puede ser erigido a la categoría de héroe, Kapuscinski es uno de los pocos privilegiados que podría calificarse así. Es uno de esos periodistas con vocación por informar, por mejorar de alguna manera el mundo a través del conocimiento, por producir algún tipo de respuesta o efecto en la opinión pública. Uno de esos que tiene la intención y la capacidad de inducir a la reflexión a quien lee su excelente prosa y abrumarlo con una visión clarividente y lúcida como la de pocos de la realidad que nos rodea.
La carrera profesional del reportero polaco se ha centrado sobretodo en la corresponsalía en el extranjero, especialmente a los países subdesarrollados, que en este siglo han luchado –y luchan—por alcanzar una posición real de independencia y libertad dentro del competitivo contexto internacional. Sus crónicas, sus reportajes han pasado a ser un testimonio valiente y comprometido con los conflictos que han ido construyendo el presente de hoy, y que configurarán la Historia de mañana.
En las décadas de los 60 y los 70 asistió al fin de los imperios coloniales de ese gran continente que pugna día a día por la supervivencia, del grande e inasible continente para las sociedades opulentas, cómodas y despreocupadas. De África, donde se entremezclan la desesperación, la injusticia, la miseria y al mismo tiempo el ánimo y el optimismo con que se enfrentan a la vida sus habitantes, surgió Ébano. Un compendio de episodios vividos en el continente negro; un análisis político, social y humano de aquellos que, como dice el mismo Kapuscinski, no tienen voz. Se dice que es su mejor libro. Un recorrido riguroso por las guerras, las revueltas, los golpes de Estado, la matanza de Ruanda, la trayectoria de Amin Dada. Pero al mismo tiempo, un relato emotivo y personal de las gentes, las ciudades, las tribus y las costumbres que su experiencia le permitió conocer.
Quizás Kapuscinski se ha involucrado con los desposeídos y la pobreza porque él mismo tuvo un origen humilde, porque existe un vínculo emocional entre su infancia y la situación tràgica y desesperada por la que atraviesa prácticamente medio mundo. Pero eso es lo que ha convertido a Kapuscinki en una de las figuras más importante de nuestro siglo. Su compromiso, su anhelo de abrir los ojos a la “civilización de desarrollo” y de hacer de este anhelo su forma de vida. Eso es también lo que lo diferencia de otras figuras literarias y sobre todo periodísticas que han pasado a la posteridad. Ryszard Kapuscinki será recordado por su intento de hacer un periodismo idealista y noble, mientras otros serán historia por hacer un periodismo productivo.
IRENE FRANCÉS RICO
Si en nuestra época alguien puede ser erigido a la categoría de héroe, Kapuscinski es uno de los pocos privilegiados que podría calificarse así. Es uno de esos periodistas con vocación por informar, por mejorar de alguna manera el mundo a través del conocimiento, por producir algún tipo de respuesta o efecto en la opinión pública. Uno de esos que tiene la intención y la capacidad de inducir a la reflexión a quien lee su excelente prosa y abrumarlo con una visión clarividente y lúcida como la de pocos de la realidad que nos rodea.
La carrera profesional del reportero polaco se ha centrado sobretodo en la corresponsalía en el extranjero, especialmente a los países subdesarrollados, que en este siglo han luchado –y luchan—por alcanzar una posición real de independencia y libertad dentro del competitivo contexto internacional. Sus crónicas, sus reportajes han pasado a ser un testimonio valiente y comprometido con los conflictos que han ido construyendo el presente de hoy, y que configurarán la Historia de mañana.
En las décadas de los 60 y los 70 asistió al fin de los imperios coloniales de ese gran continente que pugna día a día por la supervivencia, del grande e inasible continente para las sociedades opulentas, cómodas y despreocupadas. De África, donde se entremezclan la desesperación, la injusticia, la miseria y al mismo tiempo el ánimo y el optimismo con que se enfrentan a la vida sus habitantes, surgió Ébano. Un compendio de episodios vividos en el continente negro; un análisis político, social y humano de aquellos que, como dice el mismo Kapuscinski, no tienen voz. Se dice que es su mejor libro. Un recorrido riguroso por las guerras, las revueltas, los golpes de Estado, la matanza de Ruanda, la trayectoria de Amin Dada. Pero al mismo tiempo, un relato emotivo y personal de las gentes, las ciudades, las tribus y las costumbres que su experiencia le permitió conocer.
Quizás Kapuscinski se ha involucrado con los desposeídos y la pobreza porque él mismo tuvo un origen humilde, porque existe un vínculo emocional entre su infancia y la situación tràgica y desesperada por la que atraviesa prácticamente medio mundo. Pero eso es lo que ha convertido a Kapuscinki en una de las figuras más importante de nuestro siglo. Su compromiso, su anhelo de abrir los ojos a la “civilización de desarrollo” y de hacer de este anhelo su forma de vida. Eso es también lo que lo diferencia de otras figuras literarias y sobre todo periodísticas que han pasado a la posteridad. Ryszard Kapuscinki será recordado por su intento de hacer un periodismo idealista y noble, mientras otros serán historia por hacer un periodismo productivo.
IRENE FRANCÉS RICO
sábado, 10 de mayo de 2008
Redecora tu vida

Maquear viene de maquillar, arreglar, customizar, personalizar, reparar, tunear, adaptar, apañar... en definitiva, hacértelo guapo tu mismo.MAKEA es una alternativa a la cultura del “usar y tirar. En la actual sociedad de consumo, las marcas son cualquier palabra, nombre, símbolo u objeto que se emplea para identificar y distinguir los artículos de un productor respecto a los de sus competidores. Y confieren a los productos una personalidad y una imagen tales que nos convierte en seres dependientes de éstas.Pero MAKEA es una marca que no vende nada, representa una actitud de resistencia.MAKEA es la inteligencia y creatividad colectiva, que convierte de nuevo en útil aquello que la sociedad de consumo ha despreciado. Se trata de recuperar el lema “do it yourself” (háztelo tu mismo), de alargar la vida útil de los productos, de volver al saber hacer y romper con la “comodidad despilfarradora y vacía” que nos vende en cajas la cultura de consumo.
Así se presenta la asociación MAKEA en su web www.makeatuvida.net. Utilizando el logotipo "trucado" de IKEA, la industria multinacional del mueble sueca, así como su lema, tratan de llevar a cabo una estrategia contrapublicitaria. La idea de esta asociación surgió de tres jóvenes diseñadores industriales que compaginan su labor mercantil o lucrativa con este proyecto que trata de difundir un modelo de vida sostenible. Aprovechando lo que ellos saben hacer, muebles y demñas artes aplicadas, quieren hacer llegar a la gente la necesidad de cambiar el actual modelo de consumo.
Lejos del tipico discurso ecologista concienciador, MAKEA organiza actividades interactivas, creativas y dinámicas. En la calle, en ferias, congresos o festivales, montan stands donde ellos, con sus monos amarillos de operarios de IKEA descarriados, crean muebles y accesorios a partir de tablones, cartones, papel o cualquier desecho. El resultado es un mueble de lo mas in para cualquier casa vanguardista. Como no tienen ningun afán lucrativo, regalan a los curiosos los muebles, quienes se sienten incómodos o extraños al no tener que pagar. A cambio, piden una "Receta".El intercambio de recetas es un intento de poner en común la mayor cantidad de ideas posibles con tal de que no solo se difundan los valores, que también, sino de que su aplicación práctica sea más efectiva. Todas las recolectadas estan colgadas en su web.
Aunque en Valencia, donde nació el proyecto, no ha calado excesivamente el proyecto, especialemente por los obstaculos que supone la falta de aprobación institucional y la opacidad del destino de los residuos municipales, en Madrid, el Ayuntamiento interesó por su proyecto, llegando a incluirlo en los contactos de la web del ámbito de vivienda.
Tampoco le interesa en exceso la publicidad, ya que puede acarrearles problemas legales el logotipo. Lo que sí les interesa es promover una redecoracion de nuestra vida sostenible y no consumista. Con su lema "otro mueble es posible", a través de la red y del boca a boca, están llegando a las casas y las conciencias de quienes tienen un papel más importante a la hora de cambiar las dinámicas sociales: los jóvenes
Lucia Pinar Garcia
Así se presenta la asociación MAKEA en su web www.makeatuvida.net. Utilizando el logotipo "trucado" de IKEA, la industria multinacional del mueble sueca, así como su lema, tratan de llevar a cabo una estrategia contrapublicitaria. La idea de esta asociación surgió de tres jóvenes diseñadores industriales que compaginan su labor mercantil o lucrativa con este proyecto que trata de difundir un modelo de vida sostenible. Aprovechando lo que ellos saben hacer, muebles y demñas artes aplicadas, quieren hacer llegar a la gente la necesidad de cambiar el actual modelo de consumo.
Lejos del tipico discurso ecologista concienciador, MAKEA organiza actividades interactivas, creativas y dinámicas. En la calle, en ferias, congresos o festivales, montan stands donde ellos, con sus monos amarillos de operarios de IKEA descarriados, crean muebles y accesorios a partir de tablones, cartones, papel o cualquier desecho. El resultado es un mueble de lo mas in para cualquier casa vanguardista. Como no tienen ningun afán lucrativo, regalan a los curiosos los muebles, quienes se sienten incómodos o extraños al no tener que pagar. A cambio, piden una "Receta".El intercambio de recetas es un intento de poner en común la mayor cantidad de ideas posibles con tal de que no solo se difundan los valores, que también, sino de que su aplicación práctica sea más efectiva. Todas las recolectadas estan colgadas en su web.
Aunque en Valencia, donde nació el proyecto, no ha calado excesivamente el proyecto, especialemente por los obstaculos que supone la falta de aprobación institucional y la opacidad del destino de los residuos municipales, en Madrid, el Ayuntamiento interesó por su proyecto, llegando a incluirlo en los contactos de la web del ámbito de vivienda.
Tampoco le interesa en exceso la publicidad, ya que puede acarrearles problemas legales el logotipo. Lo que sí les interesa es promover una redecoracion de nuestra vida sostenible y no consumista. Con su lema "otro mueble es posible", a través de la red y del boca a boca, están llegando a las casas y las conciencias de quienes tienen un papel más importante a la hora de cambiar las dinámicas sociales: los jóvenes
Lucia Pinar Garcia
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